DEMOCRACIA (2013)

We protect you from yourselves

Os protegemos de vosotros mismos

Nuestra mirada no está cegada por sueños ni por falsos afectos, sino por la razón suficiente, la urgente realidad que os atormenta.

Somos el Estado de Derecho

Nosotros o el caos

No sabríais vivir más que contra nosotros.



Los ciudadanos nacen y mueren sin haber conquistado su derecho a vivir.

La policía como espectáculo.

(scroll down for english)

Aquí trabajamos con la imagen del antidisturbio como imagen espectacularizada de la represión. Es una imagen de consumo habitual en los medios de comunicación, en la que se nos representa indistintamente la brutalidad del estado o la firmeza en la defensa de las libertades constitucionales, frente a esta imagen ambivalente se propone una imagen en la que la policía presenta su ideología no expresada.

Partimos de un texto de Luis Navarro, filósofo y ex-policía militar, del que se han entresacado una serie de slogans que se presentan junto a imágenes de la policía antidisturbios que se han tomado en recientes manifestaciones en Madrid. Este proyecto se presenta como una intervención de arte público, tomando la retórica publicitaria se diseña una campaña que adopta distintos soportes (mupis, anuncio de prensa, vallas publicitarias...)

El texto de partida del proyecto es el siguiente:

“¿Qué hay detrás del uniforme? ¿De quién me escondo? ¿Qué les cuento por la noche a mis hijos? Tu aliento empaña mi casco, el olor a alcohol penetra y se pega a mi piel, los insultos suenan amortiguados, lejanos gestos sin contenido. ¿Por qué no te miro a los ojos?

Es un reto infantil, propio de criaturas acostumbradas a mecerse en la seguridad de sus rutinas, que se creen la fábula de la “democracia” mientras se saltan la letra pequeña de la moral. Ciudadanos que levantan ciudades higiénicas cuyos cimientos horadan las ratas, que acuden a su trabajo sin creer en él, que sostienen por la base un orden que los expropia y los violenta para no quedarse fuera, que solo obedecen por miedo a que otros no lo hagan. Si defendéis el Estado, ¿por qué atacáis al policía?

Somos las flores negras de los cubos de basura, la lejía cruenta de la democracia, el cemento de la libertad. Garantizamos vuestra paz y vuestro trabajo. Aseguramos el flujo de mercancías y servicios, patrullamos los colegios, protegemos a vuestras mujeres, limpiamos las calles de escoria. Nos jugamos la vida para mantener en pie las leyes que os habéis dado, y perdemos nuestra humanidad de antemano con ellas.

Y sí, intervenimos despachos, combatimos el fraude y la corrupción, cerramos lucrativos negocios ilegales. Ante una orden judicial no hacemos ningún tipo de distinción. Cada misión tiene su protocolo específico. No nos pidáis a nosotros elocuencia, tacto ni humanidad, pedídsela a vuestros dirigentes. La dignidad y los principios no tienen lugar cuando los artificios se desmoronan y sale a relucir la condición humana, es entonces cuando se requiere nuestra acción. Defendemos vuestros derechos con nuestras herramientas.

El “estado de derecho” no existe; ni tiene algún tipo de esencia: somos el derecho del estado. La palabra “ciudadano” no es más que un casco o un chaleco antibalas. Los ciudadanos, objetos de nuestros desvelos, no poseen garantías. Los ciudadanos nacen y mueren sin haber conquistado su derecho a vivir.

Os creéis potentes porque secuestráis la razón y la crucificáis en una pancarta. La razón es un anciano con gafas, una mujer gestante, un hombre atrapado en un zulo: vuestra razón es especulativa. Las cosas son como son y deben seguir siendo. No tenemos derecho a soñar ni a ser irresponsables. Cuesta siglos construir una civilización que se derrumba con un soplo.

Nosotros somos la fuerza de la razón. Estamos perfectamente alineados en orden, tenemos un objetivo, seguimos una estrategia, cuidamos nuestro equipo, mantenemos una disciplina. Ante mí solo veo un rebaño en estampida, una multitud iracunda, una razón sin forma atravesada de malos sentimientos que se desplaza fuera de control. Ruido y furia.

Os protegemos de vosotros mismos. Quien piensa que el estado de derecho puede defenderse en base a principios y con sus propios métodos cuestiona la razón del estado y es por tanto un loco. Existe un permanente conflicto entre los medios y los fines. Nuestro trabajo es un metadiscurso que escapa a cualquier fundamentación. Solo quien transgrede las normas es capaz de entenderlo en toda su amplitud. No se trata en realidad sino de un conflicto de percepciones. Solo quienes comparten la misma mirada habitan el mismo mundo. Nuestra mirada no está cegada por sueños ni por falsos afectos, sino por la razón suficiente, la urgente realidad que os atormenta.

Puede que avanzáseis mucho en vuestras luchas si fuéseis capaces de penetrar la coraza y descifrar a la persona, al parecido no igual que es el semejante. Personas que comparten vuestras necesidades y vuestros afectos, que anhelan un mundo armonioso y desarmado, que bromean con sus vecinos y abrazan a sus crías, que solo quieren patrullar en paz y volver por la noche a su cueva sin novedades en el parte del día. Animales, al fin y al cabo, porque incluso la vida de un perro abandonado tiene un valor incalculable y solo los perros guardianes pueden sostener ese valor.

Pero vosotros sois demasiado humanos: no queréis saber lo que hay detrás de vuestros apacibles establos, no reconocéis la violencia salvaje que puede desatar una ruptura del orden, no escucháis la voz de la miseria y la ambición que sale por vuestras bocas. Solo buscáis justificaros, llorar como niños, atacar simbólicamente vuestra frustración, y os quedáis en la superficie, la máquina de guerra que solo es mi cobertura. Creéis conquistar así una especie de nobleza artificial que os sitúa por encima de mí en la escala humana. Te crees mejor que yo, profesor, médico, estudiante. Y debes serlo, porque vives mejor que yo y ganas probablemente más que yo.

Por eso no siento escrúpulos cuando llega el momento de cargar: cumplo con un deber que nos involucra a todos y tengo, por así decir, vuestro mandato divino para hacerlo. Pero, sobre todo, yo también siento la emoción del instante fugaz e irrepetible, el instante que justifica y da sentido a meses de esfuerzo improductivo, a insultos y humillaciones, a una vida de entrega y de servicio. Cuando caen todas las barreras y se rasga el velo de Maya es cuando el ser está vivo, formando parte del acontecimiento. Cuando la criatura se desnuda, siente rabia y miedo y es redimida por el dolor. Las calles arden, los animales se emboscan, el peligro puede llegar desde cualquier ángulo. Solo entonces habitamos el mismo mundo y hablamos el mismo lenguaje.

La historia avanza a golpes bajo la mirada protectora de los ángeles guardianes. No sabríais vivir más que contra nosotros”.

We protect you from yourselves(Campaña de Prensa) Tribune de Lyon n°387. 05-15-2013, Francia

We protect you from yourselves (Press campaing) Tribune de Lyon n°387. 05-15-2013, France

We protect you from yourselves. We are the rule of law (Valla publicitaria) Frankfurt, Alemania

We protect you from yourselves. We are the rule of law (Billboard) Frankfurt, Germany

We protect you from yourselves

The police as spectacle.

Here we work with the image of the riot policeman as one of repression-come-spectacle. It is a image of habitual consumption in the mass media, in which we are presented indistinctly with the state's brutality or its firmness in the defence of constitutional liberties; as opposed to this ambivalent image, we propose an image in which the police present their own unexpressed ideology.

We start with a text of Luis Navarro, philosopher and former military policeman, from which a series of slogans have been selected, presented next to images of riot police taken at recent demonstrations in Madrid. This project is presented as a public art intervention; using the rhetoric of advertising, a campaign is designed, to be used on institutional advertising displays in public space and advertising inserts in the press.

The project's source text is the following:

“What is behind the uniform? Who am I hiding from? What do I tell my children at night? Your breath steams up my helmet, the smell of alcohol penetrates and sticks to my skin, the insults sound muffled, the distant gestures have no content. Why am I not looking you in the eye?

It is a childish challenge, the challenge of creatures accustomed to being cradled in the safety of their routines, who believe the fable of “democracy” while they ignore the small print of morality. Citizens who raise hygienic cities with foundations that are gnawed by rats, who turn up at their job without believing in it, who bear the base of an order that expropriates and violates them so as to not be left out, which they obey only for fear that others will not. If you defend the State, why do you attack the policeman?

We are the black flowers of the trash cans, the ruthless lye of democracy, the cement of liberty. We guarantee your peace and your jobs. We assure the flow of goods and services, patrol the schools, protect your women, clean the streets of scum. We risk our lives to uphold the laws that you have given us, and with them, lose our humanity ahead of time.

And yes, we intervene offices, combat fraud and corruption, shut down lucrative illegal businesses. With a court order, we make no distinctions. Every mission has its own specific protocol. Do not ask us for eloquence, tact or humanity, ask your rulers for that. Dignity and principles have no place when the smoke and mirrors are gone and the human condition revealed; it is then that our action is required. We defend your rights with our tools.

The “rule of law” does not exist; it has no essence: we are the law of the state. The word “citizen” is no more but a helmet or a bullet-proof vest. The citizens, the objects of our wakefulness, have no guarantees. Citizens are born and die without having earned their right to live.

You think yourself strong because you kidnap reason and crucify it on a banner. Reason is an old man with glasses, a pregnant woman, a man trapped in a zulo (1): your reason is speculative. Things are as they are and must go on being. We have no right to dream nor to be irresponsible. It takes centuries to build a civilization that comes toppling down at a sneeze.

We are the force of reason. Perfectly aligned in order, we have an objective, we follow a strategy, we take care of our equipment, we have a discipline. Before me, I see only a stampeding flock, an irate crowd, reason without form riddled with evil feelings that moves out of control. Sound and fury.

We protect you from yourselves. He who thinks that the rule of law can defend itself based on principles and with its own methods questions the state's reason and is therefore mad. The means and the ends are in permanent conflict. Our job is a meta-discourse that escapes any reasoning. Only he who transgresses the norms is able to understand it in its full extent. In reality, it is nothing but clash of perceptions. Only those who share the same outlook live in the same world. Our gaze is not blinded by dreams or false affections, but by sufficient reason, the urgent reality that torments you.

You might make progress in you struggles if you were able to penetrate the armour and decipher the person, the dissimilar equal that is a fellow-man. People who share your needs and your affections, who long for a harmonious and unarmed world, who joke with their neighbours and hug their kids, who want only to patrol in peace and come back to their cave at night with no news in the daily report. Animals, after all, because even the life of an abandoned dog has an incalculable value, that only the guard dogs can sustain.

But you are all too human: you do not want to know what lies behind your peaceful stables, you do not recognize the savage violence that a break in the order can unleash, you do not hear the voice of misery and ambition that comes out of your mouths. You want only to justify yourselves, cry like children, make symbolic attacks on your frustration, and you stay on the surface, the war machinery that is merely my covering. You think that you attain a sort of artificial nobility that puts you above me on the human scale. Professor, doctor, student, you think you are better than me. And you should be better, because you live better and probably make more money than I do.

That is why I have no scruples when the time to charge comes: I do the duty that ensnares us all and I have your divine mandate, so to speak, to do it. But above all, I too feel the emotion of a fleeting and unrepeatable moment, the moment that justifies and makes sense of months of unproductive effort, of insults and humiliations, of a life of devotion and service. When the barriers fall and the Maya veil is torn is when comes alive, is part of the event. When the creature is stripped bare, feels fury and fear and is redeemed by the pain. Streets burn, animals hide, danger can come from any angle. Only then are we living in the same world and speaking the same language.

History advances with blows under the protective gaze of guardian angels. You would not know how to live if not against us”.

(1).- Zulo is a Basque word that literally means "hole", used to refer to underground cells where ETA has been known to keep not only arms but also kidnapped people.